Por Analía Montenegro
En el calendario litúrgico, el 17 de septiembre se celebra la festividad de Santa Hildegarda de Bingen, una figura emblemática del siglo XII, cuyas contribuciones a la espiritualidad, la medicina y la música han dejado una huella profunda en la historia de la Iglesia y la cultura europea. Reconocida como Doctora de la Iglesia en 2012, su vida y obra siguen inspirando a muchas personas en la actualidad.

Nacida en el año 1098 en una familia noble en el territorio que hoy conocemos como Alemania, Hildegarda mostró desde temprana edad una inclinación hacia lo espiritual y lo natural. A los 15 años, ingresó en un monasterio benedictino donde comenzó a recibir visiones místicas que, según ella misma describe, eran mensajes divinos. Estas experiencias sobrenaturales marcarían el curso de su vida, llevándola a convertirse en una destacada abadesa y líder espiritual.
Hildegarda no solo se dedicó a la vida contemplativa; su inquietud intelectual la llevó a escribir numerosas obras sobre teología, filosofía, medicina y música. Su tratado más famoso, Scivias, es un compendio de sus visiones y reflexiones teológicas que abordan la relación entre Dios y la humanidad. En él, Hildegarda también enfatiza la importancia de la creación y el mundo natural, un aspecto que resuena con las preocupaciones contemporáneas sobre el medio ambiente.
En el ámbito de la medicina, Santa Hildegarda es considerada una pionera. Su obra Causae et Curae presenta un enfoque holístico de la salud, donde la conexión entre cuerpo y alma es fundamental. Propuso tratamientos que incluían hierbas, dietas y ejercicios, anticipándose a muchas prácticas de la medicina moderna. Su conocimiento sobre las propiedades curativas de las plantas ha sido redescubierto en tiempos recientes, lo que ha llevado a un renovado interés en la medicina natural.
Además de su trabajo teológico y médico, Hildegarda fue una compositora prolífica. Su música, caracterizada por su belleza y espiritualidad, ha sido objeto de estudio y admiración. Las melodías que creó no solo enriquecieron la liturgia de su tiempo, sino que también han influido en la música sacra a lo largo de los siglos.
La vida de Santa Hildegarda de Bingen nos ofrece un ejemplo de cómo la fe, la ciencia y el arte pueden entrelazarse en la búsqueda de la verdad y el bienestar. Su legado perdura, y el 17 de septiembre es una ocasión para reflexionar sobre su contribución a la humanidad y su mensaje de unidad con la creación.
En un mundo que a menudo se siente fragmentado, la figura de Hildegarda nos invita a reconectar con lo sagrado en lo cotidiano y a reconocer la interconexión entre todos los aspectos de la vida. Hoy, más que nunca, su vida y enseñanzas resuenan en la búsqueda de un equilibrio entre la espiritualidad y el conocimiento, un camino que sigue siendo relevante en la actualidad.
Analía Montenegro
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