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La vocación sagrada: Entre la gracia y el poder en el Catolicismo contemporáneo

Un análisis sobre la identidad del creyente, la herencia de doctores y santos, y las tensiones en la intersección entre fe, poder y sociedad.

Desde el momento del Bautismo, todo católico es proclamado sacerdote, profeta y rey. Esta triple identidad, compartida con Cristo, es la piedra angular de una vida cristiana que navega entre una llamada espiritual universal y las complejidades históricas de una institución bimilenaria. Este artículo explora el significado de ser «hijos de Dios» en un contexto donde la espiritualidad se entrelaza con estructuras de poder, reformas intelectuales y, en ocasiones, controvertidas manipulaciones.

Por José Nizzo | josenizzo.info

El Fundamento Sacramental: Nacer a una Nueva Vida y Misión

El punto de partida de la existencia cristiana es el Bautismo, llamado «el pórtico de la vida en el espíritu». No es un simple rito de entrada, sino una transformación ontológica que implica:

Liberación y filiación. Significa ser liberado del pecado y regenerado como hijo de Dios. El Papa Benedicto XVI destacaba que ser santos no es una conquista humana, sino el «gozoso descubrimiento de ser hijos amados por Dios».
Muerte y resurrección con Cristo. La inmersión en el agua simboliza ser sepultado en la muerte de Cristo para resucitar con Él a una vida nueva. San Ambrosio lo resumía: «Considera dónde eres bautizado, de dónde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo».
Incorporación a una misión. Por este sacramento, el creyente se incorpora a la Iglesia y se hace partícipe de su misión.

Cristo, modelo y fuente: Profeta, Sacerdote y Rey

Para entender la triple identidad del cristiano, es esencial mirar primero a Jesús, quien cumple perfectamente estos oficios mesiánicos.

 Jesús como Modelo de la Triple Función:

· Profeta: No solo hablaba la Palabra de Dios; Él mismo es la Palabra hecha carne, la revelación definitiva del Padre. Su mensaje, como recordaba el Papa Francisco, es «contracorriente», proclamando bienaventurados a los pobres, los mansos y los perseguidos.
· Sacerdote: Es el único mediador entre Dios y los hombres. A diferencia de los sacerdotes del Antiguo Testamento, su sacrificio es único y eterno, y su sacerdocio, según el orden de Melquisedec, es para siempre.
· Rey: Su reino «no tendrá fin». No es un reino político, sino espiritual, que conquista el pecado y la muerte. Él es la autoridad suprema, el Rey de reyes que reinará plenamente al final de los tiempos.

La Vocación de Todo Bautizado: Un Sacerdocio Real

En el rito bautismal, el ministro unge al recién bautizado y le proclama «sacerdote, profeta y rey». Este sacerdocio no es el ministerial (el de los ordenados), sino el sacerdocio común de los fieles, participando del único sacerdocio de Cristo. Cómo se vive esta triple identidad:

Sacerdote: Haciendo de la vida una continua alabanza al Padre. El cristiano está llamado a bendecir, alabar, orar e interceder por los demás.
Profeta: Proclamando las maravillas de Dios y siendo testigo público de Jesucristo. Implica leer los acontecimientos a la luz del Evangelio, denunciar la injusticia y promover la paz y la verdad. El Papa Francisco insiste en que «no hay santidad sin profecía», sin ese mensaje que revoluciona los criterios del mundo.
Rey: Viviendo en la libertad de los hijos de Dios, liberado de la esclavitud del pecado para servir y amar. La verdadera realeza cristiana es el servicio.

Los Pilares de la Inteligencia de la Fe: Doctores y Santos

La Iglesia no deja al creyente solo en la interpretación de su vocación. A lo largo de la historia, el Espíritu Santo ha suscitado maestros eminentes (los Doctores de la Iglesia) y una multitud innumerable de santos.

Los Doctores de la Iglesia: Faros de la doctrina


Son santos reconocidos por su eminente doctrina y contribución teológica. Su número ha crecido hasta los 38, incluyendo figuras como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Teresa de Jesús y, más recientemente, Hildegarda de Bingen o John Henry Newman.

Todos ellos comparten características claves,

· Función: Sientan bases doctrinales e interpretan la Revelación de forma perdurable.
· Diversidad: Incluyen teólogos sistemáticos, místicos, predicadores y eruditos.
· Reconocimiento: Requieren eminencia doctrional, santidad de vida y proclamación formal por el Papa o un Concilio.

La «Nube de Testigos»: El Ejemplo de los Santos

Los santos canonizados oficialmente son más de 1.700, pero si se incluyen beatos y mártires, la cifra podría llegar a 20.000. Sin embargo, como enseñaba Benedicto XVI, la «muchedumbre inmensa» del cielo incluye a todos los bautizados que han cumplido con amor la voluntad de Dios, conocidos o no.

Tendencias recientes en la canonización:

Su Santidad Juan Pablo II (482 santos) y Papa Francisco (942 beatos canonizados) han acelerado notablemente los procesos, a menudo reconociendo a mártires del siglo XX y testigos de la caridad cotidiana.
Se ha introducido la «Ofrenda de la Vida» como vía para reconocer a quienes, sin ser mártires, han dado su vida por los demás (médicos, padres, voluntarios).

Controversias, Manipulación y el Poder de lo Religioso

En la intersección entre esta alta vocación espiritual y su encarnación en estructuras humanas surgen tensiones y sombras. La historia y el presente de la Iglesia están marcados por ellas.

La dinámica histórica del poder eclesiástico

El proceso de canonización es un ejemplo de la institucionalización del carisma. De un reconocimiento popular y local en los primeros siglos, se pasó a un control centralizado en Roma desde 1588, convirtiendo la santidad también en «cuestión de derecho canónico». Este control ha sido un arma de doble filo: garantiza la ortodoxia, pero también puede sofocar expresiones legítimas de la fe.

Manipulación de la información religiosa


La Iglesia a menudo denuncia ser víctima de estrategias de desinformación en los medios. El artículo de Catholic.net, inspirado en el libro «El Montaje», lista varias:

· Contraverdad no comprobable: Publicar afirmaciones falsas que el público no puede verificar.
· Mezcla verdadero-falso: Combinar datos ciertos con información errónea para dar credibilidad a esta última.
· Deformación de lo verdadero: Presentar hechos reales, pero irrelevantes o fuera de contexto, para crear una narrativa falsa (ej. reducir una visita papal a anécdotas triviales).
· Modificación del contexto: Usar música, imágenes o testimonios editados para alterar el sentido de un evento.

El poder social y político de la creencia

La fe católica, al dotar al creyente de una identidad sagrada (hijo de Dios, profeta, rey), le confiere una dignidad y una autoridad moral inquebrantables. Esto tiene un profundo impacto social y político:

Base para reformas intelectuales. El pensamiento de los Doctores de la Iglesia ha sido el sustrato sobre el que se construyó la civilización occidental.
Motor de cambio social. La opción preferencial por los pobres y la doctrina social de la Iglesia han inspirado innumerables movimientos de justicia.
Foco de controversia. Las posturas de la Iglesia en materia de moral sexual, familia o género suelen chocar con las corrientes culturales predominantes, generando tensiones públicas. La acusación de que la Iglesia «politiza el Evangelio» o mide con «dos varas distintas» es un ejemplo de estas críticas.

Una santidad alegre y contracorriente

Ser hijo de Dios en la Iglesia Católica es aceptar una paradoja gloriosa y demandante. Es recibir un don gratuito de santidad y, al mismo tiempo, emprender un camino de cruz y renuncia. Es ser ungido como rey para servir y como profeta para escrutar los tiempos con una lógica que no es de este mundo.

Frente a las inevitables controversias, manipulaciones y luchas de poder, el mensaje central permanece. Como resume el Papa Francisco, la santidad auténtica, lejos de ser un «ejercicio riguroso y opresivo», es un camino de alegría y profecía. La alegría de saberse amado infinitamente y la profecía de vivir, como Jesús, «a contracorriente», anunciando con la vida que la verdadera plenitud se encuentra en el amor que se entrega.

En definitiva, la historia interna de la Iglesia es la de una tensión creativa y a veces dolorosa entre la pureza de una vocación divina y la complejidad de su encarnación histórica, entre la gracia que eleva y las estructuras que, en ocasiones, oprimen. Es en ese cruce donde el creyente, sacerdote, profeta y rey, debe discernir su camino, apoyado en la Escritura, guiado por los Doctores e inspirado por la multitud de santos que le preceden. 

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