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Santa Escolástica: ejemplo de devoción monástica

Por Analía Montenegro

Cada 10 de febrero, la Iglesia Católica conmemora a Santa Escolástica, una figura emblemática del monacato cristiano y hermana gemela de San Benito de Nursia, fundador de la orden benedictina. Su vida, marcada por la entrega a Dios y la búsqueda de la santidad, sigue siendo un referente de espiritualidad y dedicación para los fieles.

Nacida en el año 480 en Nursia, Italia, Escolástica creció en una familia noble y profundamente religiosa. Desde temprana edad, mostró una inclinación hacia la vida contemplativa, siguiendo los pasos de su hermano Benito, quien sería conocido como el padre del monacato occidental. Mientras Benito fundaba monasterios y establecía la Regla Benedictina, basada en el equilibrio entre la oración, el trabajo y la comunidad, Escolástica se consagró a Dios como religiosa, fundando un monasterio femenino cerca del Monte Cassino, donde su hermano había establecido su comunidad.

La relación entre los dos hermanos fue profundamente espiritual. Según relata el papa San Gregorio Magno en sus Diálogos, Escolástica y Benito se reunían una vez al año para orar y discutir asuntos espirituales. En una de estas ocasiones, la tradición cuenta que Escolástica, sintiendo que su fin estaba cerca, rogó a su hermano que permaneciera con ella toda la noche para continuar su conversación sobre las cosas celestiales. Benito, fiel a su regla monástica, se negó, argumentando que no podía pasar la noche fuera del monasterio. Entonces, Escolástica oró con tal fervor que se desató una tormenta que impidió a Benito partir. Este hecho es interpretado como un signo de la profunda conexión espiritual de Escolástica con Dios y su deseo de permanecer en comunión con su hermano.

Santa Escolástica falleció poco después de este encuentro, en el año 547. Según la tradición, Benito vio el alma de su hermana ascender al cielo en forma de paloma, lo que reforzó su fama de santidad. Fue enterrada en el monasterio de Monte Cassino, en la tumba que Benito había preparado para sí mismo, simbolizando la unión espiritual que los hermanos compartieron en vida y en la eternidad.

La vida de Santa Escolástica es un testimonio de entrega total a Dios y de la importancia de la oración y la comunidad en la vida cristiana. Su ejemplo inspiró a innumerables mujeres a seguir el camino de la vida consagrada, y su legado perdura en las comunidades benedictinas que continúan viviendo según la Regla de San Benito.

En este día, los fieles católicos recuerdan a Santa Escolástica no solo como la hermana de un gran santo, sino como una mujer que supo vivir con plenitud su vocación, convirtiéndose en un faro de fe y devoción para las generaciones venideras. Su fiesta es una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la oración, la familia y la búsqueda constante de la santidad en la vida cotidiana.

Analía Montenegro

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