Cada 11 de julio la Iglesia celebra a San Benito de Abad, fundador de la vida monástica en Occidente. Su regla marcó siglos de espiritualidad, trabajo y oración. Su influencia sigue viva en los monasterios benedictinos y en millones de fieles.

Por Analía Montenegro | josenizzo.info
El joven que dejó Roma para buscar a Dios
Nacido en Nursia (Italia) hacia el año 480, Benito creció en el seno de una familia noble. Siendo aún joven, abandonó los estudios en Roma —desencantado del ambiente moral decadente de la ciudad— y se retiró como ermitaño a una cueva en Subiaco, buscando una vida de oración y silencio. Su radical opción por Dios atrajo pronto a otros que, inspirados por su ejemplo, se unieron a su vida monástica.
La Regla de San Benito: ora et labora
Con el paso del tiempo, San Benito fundó diversos monasterios, el más famoso en Montecassino, donde escribió su célebre Regla, un texto de equilibrio y sabiduría que ordena la vida comunitaria monástica basada en la oración, el trabajo manual, el estudio y la obediencia. Su lema, “ora et labora” (reza y trabaja), se convirtió en el corazón de la espiritualidad benedictina.
Esta Regla fue tan clara y eficaz que atravesó siglos de historia y modeló el monacato occidental. Incluso hoy sigue siendo guía para miles de hombres y mujeres consagrados a Dios, así como fuente de inspiración para laicos que buscan una vida más centrada, sencilla y disciplinada.
El legado benedictino
San Benito murió hacia el año 547 y fue proclamado patrono de Europa por el papa Pablo VI en 1964, reconociendo su papel civilizador durante la Edad Media. Los monasterios benedictinos no solo fueron centros de espiritualidad, sino también de conocimiento, arte, agricultura y hospitalidad. Su vida y su obra tejieron los hilos de la cultura cristiana europea.
Además, San Benito es invocado como protector contra el mal, y su medalla, rica en simbología, es uno de los sacramentales más conocidos y usados en el mundo católico.
La medalla de San Benito: un escudo espiritual contra el mal
La medalla de San Benito es uno de los símbolos más poderosos de protección en la tradición cristiana. En ella se combinan iniciales latinas de oraciones contra el mal, como Crux Sacra Sit Mihi Lux, Non Draco Sit Mihi Dux (“La Santa Cruz sea mi luz, no sea el demonio mi guía”). También se encuentra el lema Pax (paz), distintivo de la orden benedictina. Usada con fe, esta medalla es un sacramental: un signo visible que dispone el alma para recibir la gracia y rechazar la tentación. Muchos creyentes la portan como signo de confianza en la victoria de Cristo sobre toda oscuridad.
En tiempos marcados por el ruido, la prisa y la fragmentación, la figura de San Benito resurge como un faro. Su vida es un llamado a encontrar en el silencio, el orden y la fe, una respuesta profunda a las inquietudes humanas. Su legado no es una propuesta para todos los que buscan un camino de equilibrio, servicio y trascendencia.
Analía Montenegro
josenizzo.info
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