El 26 de noviembre, la Iglesia Católica conmemora a varios santos, pero destaca especialmente a San Silvestre Gozzolini, un abad italiano conocido por su profunda espiritualidad y su dedicación a la vida monástica. Nacido en Osimo, Italia, en 1177, San Silvestre Gozzolini fue un ermitaño y abad benedictino que dejó una huella significativa en la historia de la Iglesia.
San Silvestre estudió derecho en la Universidad de Bolonia y teología en la Universidad de Padua, pero a pesar de las reticencias de sus padres, decidió ordenarse sacerdote en 1217. Tras la muerte de un amigo cercano, decidió alejarse del mundo y dedicarse a una vida de oración y contemplación. Se retiró a un eremo cerca del monte Fano, donde formó una comunidad de vida monástica que más tarde se convertiría en la Congregación de los Silvestrinos.

La Congregación de los Silvestrinos, fundada por San Silvestre, se regía por la Regla de San Benito y promovía la vida en comunidad, la oración y el trabajo. San Silvestre es recordado no solo por su fundación, sino también por su compromiso con la vida contemplativa y su ejemplo de humildad y dedicación a Dios.
El santoral del 26 de noviembre nos invita a reflexionar sobre la vida y el legado de San Silvestre Gozzolini, un santo cuya devoción y entrega a Dios continúan inspirando a los fieles en la actualidad.
Analía Montenegro
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