
Por Analía Montenegro | josenizzo.info
Raymundo Kolbe nació el 8 de enero de 1894 en Zduńska Wola, en la entonces Polonia bajo dominación del Imperio ruso. Hijo de un tejedor y una partera, creció en un hogar de fe intensa. Ingresó muy joven a los Franciscanos Conventuales y tomó el nombre de Maximiliano. Enviado a Cracovia y luego a Roma, se formó en filosofía y teología y fue ordenado sacerdote en 1918. La tuberculosis que lo acompañaría de por vida no frenó su impulso misionero ni su creatividad pastoral.
Roma, enfermedad y una intuición: la Milicia de la Inmaculada
Mientras estudiaba en Roma, Kolbe dio forma a una intuición que marcaría su obra: con permiso de sus superiores fundó la Milicia de la Inmaculada, un movimiento de consagración mariana abierto a laicos y consagrados con vocación misionera y apologética. Nació en 1917 y se expandió con rapidez, primero en Polonia y luego fuera de sus fronteras.
El fenómeno editorial de “El Caballero de la Inmaculada”
De regreso a Cracovia en 1921, Kolbe lanzó un modesto periódico para sostener espiritualmente a la Milicia. Aquella primera publicación derivó en una gran obra editorial: “El Caballero de la Inmaculada” alcanzó tiradas masivas en los años treinta y se convirtió en una de las herramientas más eficaces de evangelización impresas del siglo XX. En 1938 llegó a un millón de ejemplares, financiado por donaciones y sostenido por la labor de los frailes.
Niepokalanów: la “Ciudad de María”
Gracias a la donación de tierras de la familia Drucki-Lubecki, Kolbe fundó cerca de Varsovia la “Ciudad de la Inmaculada” (Niepokalanów), un complejo franciscano con imprenta, talleres y espacios de formación que se convirtió en foco espiritual, cultural y tecnológico. El lugar creció vertiginosamente y dio origen a nuevas cabeceras y a una red de colaboradores laicos y religiosos.
Misión en Japón y regreso a Polonia
Con ardor misionero, Kolbe viajó a Nagasaki para fundar otra “Ciudad de María” y un apostolado editorial en japonés. Su visión ecuménica y su trato con creyentes de otras religiones se tradujeron en proyectos concretos. La enfermedad lo obligó a volver a Polonia, donde retomó la conducción apostólica en Niepokalanów.
Guerra, persecución y caridad en acto
Tras la invasión nazi de 1939, Niepokalanów se transformó en refugio para heridos y desplazados, incluidos cientos de judíos. Kolbe se negó a obtener la ciudadanía alemana para salvarse. Fue detenido por la Gestapo en febrero de 1941 y, tras golpizas y vejaciones, enviado a Auschwitz el 28 de mayo de ese año, registrado con el número 16670.
Auschwitz: el ofrecimiento supremo
A fines de julio de 1941, tras la fuga de un prisionero, los nazis eligieron a diez reclusos para morir de inanición. Kolbe se ofreció a reemplazar a un padre de familia, conduciendo la oración en el búnker y sosteniendo a sus compañeros hasta el final. El 14 de agosto de 1941, cuando ya casi no quedaban sobrevivientes en la celda, recibió una inyección letal de fenol. Su testimonio, recordado por compañeros de cautiverio, lo consagró como “mártir de la caridad”.
Memoria, canonización y actualidad de su mensaje
San Maximiliano Kolbe fue canonizado por san Juan Pablo II el 10 de octubre de 1982, quien lo proclamó “mártir de la caridad”. La Iglesia lo conmemora cada 14 de agosto y lo venera como patrono, entre otros, de periodistas y comunicadores, en reconocimiento a su audacia para usar los medios de su tiempo al servicio del Evangelio.
Cierre editorial
La grandeza de Kolbe no se mide por la magnitud de sus imprentas ni por la extensión de sus obras, sino por la coherencia radical de su amor: preparó toda una vida para ese “sí” final que entregó en Auschwitz. Su legado interpela a nuestra época: comunicar con verdad, servir sin cálculo y sostener al que sufre con la misma convicción con la que se imprime una página que intenta iluminar la noche. En tiempos de voces estridentes y miradas cortas, Kolbe vuelve a decir, con el peso de su ejemplo, que la fe se escribe en presente y se firma con caridad.
Analía Montenegro
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