Por Analía Montenegro
En un mundo asediado por la incertidumbre y la enfermedad, la figura de San Pantaleón emerge como faro de esperanza. Este mártir cristiano, nacido en Nicomedia (actual Turquía) a finales del siglo III, dedicó su vida a dos nobles causas: la medicina y la fe.
El Médico Compasivo:
San Pantaleón, cuyo nombre en griego significa “El que se compadece de todos,” fue hijo de Eustorgio y Eucuba. Siguiendo los pasos de su padre, se convirtió en médico y llegó a ser el médico personal del emperador Galerio Maximiano. Su habilidad para sanar cuerpos heridos y aliviar el sufrimiento lo convirtió en un símbolo de compasión y caridad.

La Apostasía y el Regreso a la Fe:
Sin embargo, la vida de San Pantaleón no estuvo exenta de luchas internas. Según la tradición, apostató de la fe cristiana, pero gracias a su amigo, el sacerdote Hermolao, recuperó su creencia. Fue perseguido por el emperador Diocleciano en el año 303, enfrentando torturas y sufrimientos inimaginables.
El Milagro Bajo la Higuera:
La leyenda cuenta que San Pantaleón murió bajo una higuera seca, que floreció al recibir su sangre tras ser decapitado. Su iconografía lo representa con una pequeña cruz y un escalpelo, símbolos de su doble vocación como médico y mártir. Es invocado por aquellos que padecen dolores de cabeza y por los tuberculosos.
Legado Perenne:
San Pantaleón, uno de los catorce santos auxiliadores de la Iglesia católica, sigue inspirando a médicos, enfermos y creyentes por igual. Su vida nos recuerda que la compasión y la fe pueden sanar tanto los cuerpos como las almas.
Que su luz siga guiándonos en tiempos de oscuridad.
Analía Montenegro
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