
Por Analía Montenegro | josenizzo.info
Un misionero incansable en la Francia rural del siglo XVII
El 16 de junio, la Iglesia celebra a San Juan Francisco Regis, un sacerdote jesuita que entregó su vida a los más necesitados en la Francia del siglo XVII. Nacido en 1597 en Fontcouverte, al sur de Francia, dedicó su existencia al anuncio del Evangelio entre campesinos, huérfanos, mujeres en situación de prostitución y enfermos olvidados por la sociedad.
Ordenado sacerdote en 1630, San Juan Francisco se destacó por su fuerte carácter misionero y su espíritu de sacrificio. Su labor se centró especialmente en regiones montañosas y remotas, donde el acceso a la fe era escaso. Con frecuencia dormía al raso, caminaba kilómetros bajo nieve y frío, y no temía enfrentarse a autoridades o costumbres injustas con tal de proteger a los débiles.
El confesor de los marginados
Reconocido como un gran confesor, San Juan Francisco pasaba horas escuchando a los más excluidos. Tenía un don especial para inspirar arrepentimiento y reconciliación, logrando que muchas personas cambiaran de vida. Ayudó a establecer refugios para mujeres que deseaban dejar la prostitución y fundó hogares para huérfanos y niños sin recursos.
Su cercanía con el pueblo lo hizo enormemente popular. Fue también un firme defensor de la Eucaristía como centro de la vida espiritual, y animó a muchos a regresar a la práctica de los sacramentos.
Una muerte en misión y una herencia viva
Murió joven, a los 43 años, el 31 de diciembre de 1640, mientras predicaba en una misión en la región de Le Puy. Su entrega total, sin reservas, lo convirtió en símbolo del misionero que se da por completo. Fue canonizado en 1737 por el Papa Clemente XII.
Hoy es patrono de los trabajadores sociales, los predicadores populares y las misiones rurales. Su figura inspira a quienes luchan contra la indiferencia, recordando que el amor al prójimo no puede quedarse en palabras, sino que exige compromiso, cercanía y acción concreta.
En tiempos donde la indiferencia se disfraza de comodidad y la fe corre el riesgo de volverse discurso vacío, la figura de San Juan Francisco Regis interpela con fuerza: salir, encontrarse, abrazar y servir. No fue famoso, pero cambió vidas. No escribió tratados, pero su vida fue un Evangelio vivo. Ese es el legado que vale.
Analía Montenegro
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