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El 24 % de los bebés no tiene Bifidobacterium: la bacteria que protege de alergias y asma

Un estudio nacional en Estados Unidos detectó que el 24 % de los bebés no poseen niveles detectables de Bifidobacterium, una bacteria esencial para el desarrollo inmunológico. Su ausencia triplica el riesgo de alergias, asma y eccema en la primera infancia.

Por Analía Montenegro | josenizzo.info

La ciencia vuelve a poner el foco en la salud intestinal durante los primeros meses de vida. Un nuevo estudio titulado “El déficit de Bifidobacterium en los bebés estadounidenses provoca una disbiosis intestinal prevalente” reveló que uno de cada cuatro bebés carece de esta bacteria fundamental para el sistema inmunológico y el desarrollo saludable.

El trabajo, denominado “My Baby Biome”, es la investigación más amplia realizada hasta ahora sobre el microbioma y el metaboloma intestinal infantil. Participaron 412 bebés de 48 estados de Estados Unidos, con edades de entre 1 y 3 meses, analizados mediante metagenómica y metabolómica para medir la composición microbiana y su función.

Los resultados fueron contundentes: el 24 % de los bebés no presentaban Bifidobacterium detectable, incluso aquellos nacidos por parto natural y alimentados con leche materna. Solo el 8 % mostraba la presencia de Bifidobacterium infantis, considerada una especie clave para la maduración inmunológica. A los dos años, el 30 % de los bebés del estudio habían sido diagnosticados con alergias, eccema o asma, y el riesgo era tres veces mayor entre quienes presentaban un microbioma disbiótico.

El estudio también destacó el efecto protector de Bifidobacterium breve, que redujo hasta 4,8 veces el riesgo de enfermedades inmunitarias, mientras que B. longum mostró un efecto menos significativo.

En contraste, la lactancia materna no siempre logró restablecer esta flora beneficiosa en bebés nacidos por cesárea. En ausencia de Bifidobacterium, los oligosacáridos de la leche materna (HMO) fueron consumidos por bacterias oportunistas como Clostridium perfringens o Klebsiella pneumoniae, generando un perfil metabólico proinflamatorio y un entorno intestinal hostil.

La investigación evidenció además un aumento de genes de resistencia antimicrobiana y factores de virulencia en los bebés carentes de Bifidobacterium, así como una alteración de la producción de metabolitos esenciales como indol-3-lactato (ILA) y tiamina, fundamentales para la tolerancia inmunológica y el desarrollo neurológico.

Los científicos señalan que la industrialización del parto, la alimentación infantil y las exposiciones ambientales podrían estar provocando la desaparición progresiva de estas cepas esenciales. A su vez, observaciones complementarias advierten que las nuevas inyecciones de ARNm sintético podrían agravar este fenómeno. Según los datos citados por Hazan et al., la abundancia de Bifidobacterium cayó por debajo del 1 % entre los seis y nueve meses posteriores a la vacunación contra COVID-19, independientemente del estado previo del microbioma.

El investigador principal del estudio advirtió: “Sabemos que la eficacia y la toxicidad de ciertos medicamentos están influenciadas por la composición bacteriana del intestino, por eso es crucial comprender las consecuencias del uso de fármacos sobre la microbiota intestinal”.

El equilibrio del microbioma infantil se consolida como un nuevo eje de la salud pública moderna. Restaurar la flora bacteriana temprana no es solo una cuestión de nutrición, sino de inmunidad, prevención y futuro.

Analía Montenegro

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