¿Síndrome de Estocolmo o voto consciente? Un análisis del sorpresivo triunfo de Milei en las legislativas.
En una jornada electoral que dejó atónitos a analistas y políticos, el partio de Javier Milei, La Libertad Avanza, se impuso con el 40.68% de los votos a nivel nacional en las elecciones legislativas del 26 de octubre de 2025, revirtiendo una derrota de apenas dos meses atrás en la crucial provincia de Buenos Aires. Este resultado, que el propio presidente calificó como «el punto bisagra» para la reconstrucción del país, ha desatado intensos debates acerca de las motivaciones profundas del electorado argentino.

Por José Nizzo | josenizzo.info
El resultado numérico: un triunfo inesperado
Con el 98.93% de las mesas escrutadas, el panorama electoral quedó configurado de la siguiente manera:
Votos a Nivel Nacional con Bancas de Diputados (desde diciembre):
La Libertad Avanza (oficialismo) 40.68% (9.3 millones) 80 bancas. Fuerza más votada, gana 64 nuevas bancas
Fuerza Patria (peronismo) 31.69% (7.3 millones) 99 bancas. Segunda fuerza, mantiene primera minoría
Provincias Unidas 6.96% (1.6 millones) 8 bancas. La «tercera vía» resultó marginal
FIT-U (izquierda) 3.91% (896 mil) 4 bancas
El triunfo oficialista fue particularmente significativo en la Provincia de Buenos Aires, el distrito electoral más grande del país, donde se impuso por un ajustado 41.46% contra 40.90% del peronismo, revirtiendo una contundente derrota de 14 puntos que había sufrido en las elecciones provinciales de septiembre.
La psiquis del votante: ¿Síndrome de Estocolmo o cálculo racional?
¿Por qué una parte significativa de la población apoyaría a un gobierno cuyas políticas, según sus críticos, le han causado dolor? La metáfora del «síndrome de Estocolmo» –aquel donde la víctima desarrolla un vínculo afectivo con su captor como mecanismo de supervivencia – es utilizada por algunos sectores para explicar este fenómeno. Desde esta perspectiva, el votante, sometido a las dificultades económicas, desarrollaría una lealtad patológica hacia su «verdugo».
Sin embargo, los análisis de expertos consultados por BBC Mundo ofrecen una lectura diferente. Para una porción crucial del electorado, especialmente los más jóvenes, el voto no fue una expresión de conformidad con el presente, sino un rechazo consciente al pasado.
«Prendió bastante fuerte la idea de ‘no sé qué viene después y la estoy pasando mal hoy, pero sé que al pasado no quiero volver'», explica la politóloga Lara Goyburu. Este sentimiento se enmarca en un cambio sociológico: la mitad del padrón tiene menos de 39 años y «creció viendo a sus adultos quejarse constantemente de la política argentina». No es un vínculo traumático con el captor, sino un «crédito abierto» a un proyecto que, pese a su costo, promete una ruptura con un sistema considerado fracasado.
La gallina desplumada: ¿manipulación o realidad?
La metáfora de la gallina desplumada, atribuida a enseñanzas sobre manipulación y poder, ilustra cómo un líder puede maltratar brutalmente a sus seguidores y, ofreciéndoles luego una migaja, mantenerlos bajo control y leales. Las políticas de ajuste han «desplumado» a la sociedad, y el respaldo electoral posterior sería la muestra de esa gallina que, a cambio de unos granos, sigue al líder.
No obstante, esta interpretación choca con la visión de que el electorado no es un animal pasivo, sino un actor que toma decisiones complejas en un contexto de opciones limitadas. El voto por Milei no necesariamente refleja agradecimiento por «los granos», sino una apuesta estratégica en un escenario donde las alternativas son percibidas como peores.
¿Argentina como «cipayo» de los EEUU?
La acusación de que el país se ha convertido en un «cipayo» (un término peyorativo para quien sirve servilmente a intereses extranjeros) de los Estados Unidos ha ganado fuerza tras el auxilio financiero que el gobierno de Donald Trump brindó a Milei en las semanas previas a los comicios.
Este rescate, que incluyó una línea de swap de US$20.000 millones y la compra directa de pesos argentinos por US$1.000 millones, fue explícitamente condicionado por Trump al triunfo electoral oficialista: «Si pierde, no vamos a ser tan generosos con Argentina», declaró el mandatario estadounidense.
Para el gobernador peronista Axel Kicillof, «Ni el gobierno norteamericano ni JP Morgan son sociedades de beneficencia: si vinieron a la Argentina no es para otra cosa que para llevarse un lucro y poner en riesgo nuestros recursos». Desde esta óptica, la victoria electoral consolidaría una relación de subordinación.
El oficialismo, en cambio, celebra este apoyo como un logro diplomático sin precedentes. Milei destacó que «nunca EE.UU. brindó un apoyo de semejante calibre» a la Argentina. Para sus votantes, lejos de ser una muestra de sumisión, es una alianza estratégica con la potencia occidental más importante del mundo, necesaria para la inserción del país en el mundo.
La responsabilidad de los gobernadores
El proyecto de los gobernadores de las Provincias Unidas, que pretendía erigirse como una «tercera vía» entre el oficialismo y el peronismo kirchnerista, se mostró como una alternativa fallida al obtener apenas alrededor del 7% de los votos a nivel nacional.
Su fracaso en capitalizar el descontento con ambos polos de la polarización revela sus limitaciones. Si bien es prematuro señalar a los gobernadores como «los más grandes responsables», su incapacidad para articular una opción de gobierno creíble y unificada dejó un vacío que fue llenado por la pugna directa entre Milei y el peronismo duro. En un Congreso que seguirá hiperfragmentado, su rol como posibles aliados para el oficialismo será, no obstante, crucial para destrabar reformas.
Un voto complejo en una Argentina traumatizada
La pregunta sobre si el pueblo argentino «está enfermo» parte de un diagnóstico posible, pero simplista. El sorpresivo triunfo de La Libertad Avanza no parece ser la expresión de un síndrome de Estocolmo colectivo ni la sumisión de una gallina desplumada, sino la manifestación de un trauma histórico más profundo.
Es el síntoma de una sociedad que, tras décadas de crisis cíclicas, desconfía estructuralmente de su clase política tradicional y, ante la disyuntiva entre un futuro incierto y un pasado que considera fracasado, opta –con escepticismo y sin grandes entusiasmos– por lo primero. Es un voto de miedo a retroceder más que de amor al verdugo, un cálculo frío en un país que siente que se le cierra el tiempo.
¿Cipayos de EE.UU.? Es una lectura geopolítica legítima, pero para el 40% del electorado, es el precio de una alianza que evita el naufragio inmediato. ¿Responsables los gobernadores? Su irrelevancia en la contienda los condena. La elección del 26 de octubre no resolvió los problemas de Argentina; solo demostró que el dolor del ajuste duele, por ahora, menos que el miedo a volver.
José Nizzo
josenizzo.info
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