Por Analía Montenegro
En las calles empedradas de Buenos Aires, el tango nació como una expresión del alma rioplatense. Hoy, un siglo después de que músicos como Carlos Gardel lo inmortalizaran, el tango se rejuvenece gracias a la inteligencia artificial (IA).
Desde sus humildes orígenes en los barrios porteños a fines del siglo XIX, el tango rápidamente se convirtió en un ícono cultural. Gardel, Astor Piazzolla y otros visionarios llevaron el género a nuevas alturas, fusionando sus melodías apasionadas con los acordes de la modernidad. Hoy, la IA retoma esa tradición innovadora.

Compositores contemporáneos, colaborando con expertos en tecnología, utilizan algoritmos para desenmarañar las complejidades del tango, creando nuevas composiciones que honran la tradición mientras la empujan hacia el futuro. La IA analiza estructuras melódicas y rítmicas, permitiendo reinterpretar y reinventar esta música emblemática.
Este encuentro entre tango y tecnología no solo revive un género, sino que ofrece una fascinante reflexión sobre la relación entre arte y ciencia. Así como el bandoneón encontró su voz en los arrabales, la inteligencia artificial, a través de sus complejos códigos, moldea un nuevo capítulo en la historia de este género inmortal. Una vez más, las notas nostálgicas del tango resuenan, recordándonos que la innovación siempre ha sido parte de su esencia.
Existen proyectos como «Tango Challenge», donde científicos y músicos colaboran para combinar IA con tango. También, en el Berklee College of Music, se realizó un experimento para crear tangos utilizando algoritmos, explorando así nuevas fronteras entre la música tradicional y la tecnología.
Analía Montenegro
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