En una decisión que promete reconfigurar la dinámica financiera del país, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) anunció este lunes una modificación sustancial en el sistema de flotación cambiaria. Según el comunicado oficial de la entidad, a partir del primer día del próximo año, tanto el techo como el piso de las bandas dentro de las cuales fluctúa el tipo de cambio dejarán de ser fijos o discrecionales para actualizarse mensualmente. La variable de ajuste elegida será el último dato de inflación publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), vinculando de manera directa la política monetaria con el índice de precios al consumidor.

Por Analía Montenegro | josenizzo.info
El fin del ancla discrecional
La resolución establece explícitamente que los límites de la flotación cambiaria evolucionarán cada mes al ritmo correspondiente al dato inflacionario. Esta medida representa un giro copernicano respecto al esquema actual, cuya actualización no seguía estrictamente el índice de precios, y se produce en un contexto económico marcado por la volatilidad y la tensión persistente en el mercado de divisas.
El objetivo central de la medida es combatir el fantasma del «atraso cambiario». Históricamente, los esquemas de administración del tipo de cambio en Argentina han sufrido erosión cuando la inflación supera sistemáticamente a la devaluación oficial, restando competitividad a la economía real. Tras una década donde se alternaron controles estrictos durante el kirchnerismo y esquemas de flotación que derivaron en crisis durante el macrismo, el actual gobierno libertario de Javier Milei busca con esta medida dar una señal de previsibilidad, aunque la decisión contrasta con sus promesas anteriores de dolarización y genera incertidumbre entre los agentes económicos.
Interrogantes operativos y riesgos latentes
A pesar de la confirmación del nuevo mecanismo, el anuncio deja áreas grises que preocupan al mercado. El comunicado oficial no especifica cuál será el nivel inicial de las bandas a partir del 1 de enero, ni aclara si existirá un protocolo de intervención automática del BCRA cuando la cotización toque los límites establecidos.
Economistas y consultoras especializadas advierten que la viabilidad de este sistema descansa, en última instancia, en el poder de fuego de la autoridad monetaria. Tal como señala un análisis del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), si la inflación se mantiene elevada, las bandas se desplazarán constantemente hacia arriba, lo que podría consolidar expectativas de devaluación permanente. El riesgo principal radica en la posible generación de un círculo vicioso donde la devaluación y la inflación se retroalimenten, dificultando la estabilización macroeconómica si no se cuenta con reservas internacionales suficientes para respaldar el esquema.
Impacto en la industria y el bolsillo
La indexación automática tendrá ganadores y perdedores claros. Los sectores exportadores podrían verse beneficiados si el sistema logra sostener la competitividad del tipo de cambio real a lo largo del tiempo. Sin embargo, la contracara recaerá sobre los importadores y la industria nacional dependiente de insumos externos, que enfrentarán costos crecientes y constantes.
Para el ciudadano común, la medida implica un desafío directo al poder adquisitivo. La vinculación del dólar a la inflación sugiere que cualquier aceleración en los precios se trasladará automáticamente al tipo de cambio, presionando sobre el valor de productos con componentes dolarizados como medicamentos, tecnología y alimentos. Sindicatos y organizaciones sociales ya han manifestado su preocupación por el deterioro de los ingresos en un contexto donde los salarios corren por detrás de la inflación acumulada, advirtiendo que esta nueva ingeniería financiera podría profundizar la brecha de desigualdad.
El anuncio del Banco Central encierra una paradoja política y económica. Mientras el gobierno de Javier Milei sostiene una retórica de desregulación y mínima intervención estatal, la implementación de un sistema de bandas indexadas requiere, obligatoriamente, un rol activo y vigilante de la autoridad monetaria para que el mercado no desborde los límites fijados.
Esta decisión parece priorizar el equilibrio externo sobre la estabilidad de precios interna. Al atar el dólar a la inflación, el gobierno admite implícitamente que la inercia inflacionaria continuará siendo un actor central en 2026. La experiencia internacional, con casos mixtos como el de Chile en los 80 o el colapso de esquemas similares en Brasil durante los 90, sugiere que esta herramienta no es mágica. Sin un respaldo robusto de reservas y una política de ingresos que proteja a los sectores vulnerables, el remedio técnico podría terminar alimentando la enfermedad inflacionaria que busca mitigar.
Analía Montenegro
josenizzo.info
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