El pasado 4 de junio, a las 07:07 UTC, el asteroide 2025 LB —un cuerpo celeste de unos 15 metros de diámetro— cruzó el espacio a solo 151.843 km de la Tierra, es decir, a menos de la mitad de la distancia que nos separa de la Luna.
Por Analía Montenegro | josenizzo.info
Su tránsito, aunque si causó preocupación por su cercanía. fue inusualmente próximo y detectado con muy poca antelación.
Este objeto rocoso fue identificado apenas tres días antes de su paso cercano, el 1 de junio, gracias al sistema de observación Pan-STARRS1, operado por la Universidad de Hawái en el volcán Haleakalā. Equipado con la cámara digital más grande del mundo, el telescopio detecta movimientos sutiles en el cielo nocturno, fundamentales para rastrear NEOs (objetos cercanos a la Tierra).
La trayectoria del asteroide fue refinada por observatorios de todo el mundo, lo que permitió confirmar que no había riesgo de impacto. Aun así, su proximidad reabre el debate sobre la necesidad de reforzar la vigilancia astronómica global. Su velocidad, de aproximadamente 11 km por segundo, y el escaso margen con que fue detectado, ilustran cuán poco tiempo puede haber entre el descubrimiento y un eventual impacto.
Aunque 2025 LB no representó una amenaza, su repentina aparición refuerza una idea: el cielo guarda sorpresas, y no siempre con aviso previo.