Los productos agropecuarios mostraron una suba de 8,6%; los alimentos y bebidas una de 5,3%; los productos refinados del petróleo 4,3%; y los importados 5,6%. Aunque hubieron otros con variaciones más significativas, esos fueron los que mayor incidencia tuvieron en el número final, por su alta ponderación en la canasta. La energía eléctrica, de la mano del congelamiento, cayó 0,1%.

De esa forma, se observó el impacto de lo cambiario sobre los costos empresarios, con los importados trepando muy por encima de los nacionales (5,6% contra 4,6%). También los agropecuarios reflejaron esa dinámica, junto con la del precio de la soja, tal como destacaron desde la consultora ACM. A eso se le sumó la suba de naftas, que impactó en los refinados del petróleo. La consultora agregó que el aumento en alimentos y bebidas puede acentuar las presiones existentes sobre los Precios Máximos.

Un informe reciente de PxQ mostró que los alimentos que forman parte del programa están 3,3% atrasados, en materia de precios, respecto a sus competidores comparables. Si el Gobierno cede a esas presiones, destacó la consultora, se verá en aprietos "ya que autorizar un incremento superior en Precios Máximos para que haga el catch-up con el resto de los productos agregaría presión sobre el IPC dado que la división Alimentos y bebidas no alcohólicas es la de mayor peso en el índice".

 

Y agregó. "El paso del tiempo no juega a favor, ya que el próximo aumento pactado sería en enero y para esa fecha la diferencia seguramente será más amplia y el costo de realizar el catch-up también sería mayor. A su vez en los próximos meses se espera que continúen los aumentos de naftas, se descongelen las tarifas de servicios públicos y telecomunicaciones y que se efectivice el aumento en planes de salud. En un contexto en el cual la inflación mensual se ubicó en 3,8% el Gobierno se enfrenta al desafío de coordinar el descongelamiento para evitar un salto a un nivel inflacionario mayor".

El Indec publicó dos informes que terminaron de completar el panorama de la dinámica de precios de octubre, un mes que fue álgido, por el incremento de la brecha cambiaria a niveles de 130%, por el descongelamiento en los combustibles y por una tasa de devaluación algo más veloz que las de los meses previos. Los informes fueron el del Sistema de índices de precios mayoristas, que muestra la variación del Índice de precios internos al por mayor (IPIM); y el del Índice del Costo de la Construcción (ICC) en el Gran Buenos Aires. 

El IPIM presenta una canasta de precios dominada por insumos mayormente transables y sus variaciones entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre. Es decir: costos empresarios, con potencial de traslado a precios al consumidor, y con una veloz incidencia de las dinámicas cambiarias. Al estar formado principalmente por insumos que para las empresas son costos, la fuerte aceleración del IPIM en los últimos cinco meses, en general, y en octubre en particular, tiene potencial de generar presiones sobre el IPC. 

El costo de la construcción

El ICC da cuenta de las variaciones en los materiales y en la mano de obra del sector. Como la dinámica de los salarios viene más que floja en pandemia, esa división marcó una suba de apenas 0,1%. El grueso de los incrementos se dio por los materiales, con un aumento casi récord de 7,8%. Se destacaron los saltos en el precio del hierro para la construcción, ladrillos y productos cerámicos y productos plásticos, todos por arriba del 12%. El ICC, en total, aumentó 3,7%, parecido al IPC Nacional.

 

Cabe destacar que en noviembre los obreros de la UOCRA recibirán un aumento del 25%, que deberá impactar en el ICC. Más allá de que el sector todavía no opera a toda máquina, se observa cada vez una reactivación mayor, particularmente en el AMBA. 

Para lo que viene, se espera que ambos índices muestren números elevados, aunque el IPIM podría haber hecho pico en octubre, ya que fue un mes particularmente álgido en lo cambiario.